Lo sucedido en Bogotá, el pasado 2 de mayo, con Marco Tulio Sevillano, conocido como «Calidoso›. Fue sorprendido durmiendo para rociarle gasolina y posteriormente encenderlo en llamas, esto, en un caño ubicado en la Calle 39 con Carrera 7. Así lo informaron los medios de comunicación.
El economista Andrés Villamizar, quien funge como Director General de la Unidad Nacional de Protección, resumen perfectamente lo sucedido en estos términos: «este tipo de tragedias comienzan a gestarse cuando una sociedad se da la licencia de llamar a seres humanos “desechables”» Se pregunta, ¡¿Tiene que ser quemado vivo un ser humano que habita en la calle para ser visto por la sociedad? !Todo parece indicar que sí. Es más, hoy el Distrito a través de la Secretaría de Integración Social, en un acto de generosa humanidad, ofreció que asumirá los gastos funerarios.
Ahora bien, en el hipotético caso de que la causa de la muerte de “Caldoso” obedeciera a la falta de atención en un hospital cualquiera de la ciudad – al ya había acudido en busca de atención producto de una herida de bala, o una puñalada. – porqué se trataba de un “indigente” o mal llamado “desechable” ¿la indignación hubiese sido la misma? Sin temor a equivocarme, puedo decir que no.
El abandono del Estado frente a esta población, y en general de la sociedad que lo compone, es desbordado e inhumano. Ad portas de las elecciones, los candidatos están más pendientes de salpicarse unos a otros con sus escándalos “antijurídicos”, que de los problemas sociales que como consecuencia lógica terminan por generar la inseguridad que hoy nos aqueja.
¡Como sociedad damos vergüenza!

